Cineteca Vida

Habeas corpus de Jorge Acha, en el FESTICAALP itinerante

Este viernes en la ciudad de Córdoba en proyección especial, uno de los dos largometrajes de Jorge Acha.

Dentro de las actividades especiales, la funcion de cierre del festival FESTICAALP itinerante, un festival con centro en la ciudad de La Plata, de este viernes 25 de julio va a ser especial.

En Sede Casa de Pepino (Fructuoso Rivera 287), Cordoba

Luego de muchos años de no salir del archivo se proyecta en formato 16mm, la película Habeas Corpus (1986) del artista plástico, realizador, guionista y escritor Jorge Acha.

Junto con Standard, es uno de los dos largometrajes que realizó. Acha filmó Habeas Corpus con un presupuesto de cuatro mil quinientos pesos, y en cinta de 16 milímetros. Se presentó oficialmente en 1986, y recibió el premio a la mejor dirección en el Festival de Cine Argentino de Operas Primas 87/88 en Bariloche. La historia cuenta cuatro días (durante una violenta Semana Santa) en la vida de un prisionero de la última dictadura militar. A la espera de la tortura o la muerte que no llega. El prisionero comienza a recordar, único modo de soportar la espera; mientras tanto su custodio paramilitar se entretiene admirando revistas de fisicoculturismo. El cuerpo, capturado entre el erotismo y la tortura, es el eje de la obra. El propio director declaró que la película intenta «contar algo que no tiene fin, pero tratando de que el espectador necesite completar su historia y no pueda.

«Esta película es el compendio de las percepciones, de las afecciones, los recuerdos, el delirio, de un detenido en los momentos más terribles de su encierro: tiempos muertos que se suceden entre las sesiones de tortura. El tiempo en que descubre que posee un cuerpo hecho de fragmentos. Tal vez no haya, en la historia del cine nacional, una exploración tan detallada de las cualidades y potencias que puede engendrar un cuerpo. Una imagen, la de los peces, se repite a lo largo del filme (símbolo del cristianismo arcaico, traicionado), y una frase de Borges no cesa de ser evocada: “Ni una arena soñada puede matarme. Ni hay sueños que estén dentro de sueños». Crítico e historiador cinematográfico Ricardo Parodi.

«El plano inaugural de Habeas Corpus es un plano general del mar. Parece una pintura. No lo es. Acha fue primero pintor. El mar era un motivo preferencial de sus acuarelas. La tercera característica de su cine está centrada en la expresividad cromática. En Acha, el color no es un pigmento del mundo de los objetos y la naturaleza, sino una condición de primer orden de la estética, que en su cine contrarresta la pobreza de las condiciones de producción. El encantamiento por la luz y la intensificación de los tonos generales solventan la prepotencia del mobiliario y los decorados. Es casi la invención de un barroco cromático por el cual cualquier artificio adquiere un hálito de vida. Es por los colores que Mburucuyá (cuadros de la naturaleza) triunfa y puede estar a la par de otros relatos de expediciones, como Aguirre, la ira de Dios, por citar un film grandioso e inimitable. Jorge Acha murió demasiado joven. Dejó muchas pinturas, algunos libros notables, varios cortos y tres películas geniales. No se puede saber qué hubiera pasado con él si su destino hubiera sido distinto, pero nada nos prohíbe conjeturar que su muerte malogró la trayectoria de un maestro que hubiera hecho más historia. A pesar de esto, con tres películas, el nombre de Acha pertenece al panteón de los grandes cineastas del cine argentino, allí donde resplandecen Hugo Santiago, Leonardo Favio y Hugo del Carril.» (Roger Koza en conlosojosabiertos)

Sobre Jorge Luis Acha (10 de noviembre de 1946, Miramar, Argentina – 12 de octubre de 1996, Miramar) fue un artista plástico, escritor, guionista, fotógrafo y cineasta argentino.  Egresó como maestro de dibujo y profesor de pintura, de la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón de Buenos Aires oficio que ejerció en la misma institución y en su propio taller, convirtiéndose en inspiración intelectual y artística para decenas de jóvenes alumnos. Entre 1975 y 1989, realizó varias exposiciones de pintura individuales en Buenos Aires, Lima, La Plata y en el Museo de Arte Moderno de San Pablo. Expuso también en la Bienal del Humor de Sátira de Gavobro (Bulgaria) y en la Muestra Internacional de Arte Gráfico de Bilbao. 

Se consideraba a sí mismo un “pintor viajero” –condición que emparentaba con la tradición romántica del siglo XIX- y tenía a la naturaleza- sobre todo al mar- como tema principal sus paisajes exponen menos un registro documental que un estado espiritual del pintor frente a la naturaleza. Su trabajo incursionó en diversas técnicas pero fue por antonomasia un cultor de la acuarela, dotado de una destreza eximia para capturar atmósferas con pinceladas diáfanas que conjugan hondura y sencillez. Fue un creador que abarcó múltiples disciplinas artísticas y que en su fase final brilló en el campo de la cinematografía. Sus largometrajes fueron Hábeas Corpus (1986), original relato de un prisionero torturado por la Dictadura Militar en la Argentina en la Semana Santa en que el Papa visitó Buenos Aires – Premio Festival de Cine de Operas Primas en Bariloche, 1988 -, Standard (1989) con Libertad Leblanc sobre el proyectado Altar de la Patria (Argentina) y Mburucuyá (1992) además de varios cortometrajes como Impasse con Leonor Manso. Ninguna de esas películas tuvieron estreno comercial, hoy son objeto de cine de culto y se proyectan en museos, ciclos, festivales internacionales. El ciclo en homenaje en el Bafici llevó por título Maldito Acha. Escribió sobre cine en las revistas «El amigo americano» y «Biógrafo» (1979-80), compartiendo redacción con Rodrigo Tarruela, Ángel Faretta, Carlos O. García y Marcelo Zapata, entre otros y la obra teatral Samka-Cancha en colaboración con el periodista Raúl García Luna. Acha participó también en el film «Cinéfilos a la intemperie» de Carlos O. García y Alfredo Slavutzky, donde tuvo destacadas intervenciones resaltadas por la crítica: «la película sería otra sin la participación de Acha, que interpreta el juego como nadie y produce un par de intervenciones geniales, seriamente desopilantes (Quintín). «uno de los magnéticos ejes del film, una especie de stand up comedian aterradoramente lúcido, saludando a futuro a su propia y cercana muerte, poniéndole el cuerpo a la certeza de que el cine y la vida terminan siendo la misma cosa (Eduardo Rojas).»
Murió a los 49 años,