Cineteca Vida

El cine aprendió a hablar para darse cuenta de que cuando queda callado, se encuentra a sí mismo.

Filmografías: Rainer Werner Fassbinder. 40 años sin deseos, sin angustias, sin infidelidades.

Por Hayrabet Alacahan

FassbinderRainer Werner Fassbinder y su obra: Imprescindibles, vanguardistas, inimitables, sobrevivirán a cualquier apocalipsis.

En pocos días se cumplirá un año más del fallecimiento del emblemático cineasta germano Rainer Werner Fassbinder, quien fue un artista temperamental e inquieto, no sujeto a escuelas ni a tendencias determinadas, respondió al asunto que lo motivaba dentro de su íntimo concepto de las cosas sugerentes y determinadas por el momento emocional. Cumplió consigo mismo, antes que con la materia -esa materia que a veces esquiva, pero que también sabe ceder satisfacciones a quienes la domine-, estaba tan convencido por el proyecto imaginado que jamás miraba para atrás, siempre avanzaba con una velocidad ágil y nunca tomaba descanso mientras. Al respecto fue muy claro cuando dijo; “Ya dormiré cuando este muerto…”.

Desde las primeras imágenes del cine provenientes de los hermanos Lumiere, Mélies, Edison, hasta Griffith y Eisenstein, pasando por Bergman, Tarkovski, Godard, y otros importantes más, cada uno de ellos trataron de llegar al espectador con estilos propios, con una nueva forma de comunicación visual. Desde ese lugar innovador, la obra de Fassbinder sobresale como tan atrapante y polémica a la vez, pero con una potencialidad pocas veces vista en otras filmografías, incluyendo hasta los más destacados maestros en la historia del cine mundial.

Director, guionista, actor, montajista, director de fotografía, productor y muy ligado al mundo teatral, creó y armó un mundo tan peculiar como a sí mismo. Fassbinder empezó a mover las piezas a su antojo en tableros que quiso, inclusive fuera de los tableros, restando importancia a las normas reinantes de su época.

Casi al término de la Segunda Guerra Mundial, en el seno de una familia burguesa, nació el 31 de mayo de 1945, en Bad Wörishofen, Baviera, Alemania.

A sus seis años padeció la separación de sus padres (ella traductora y él médico), asunto que lo marco para siempre. Tuvo un reconcilio tardío con su madre pero nunca perdono a su padre. Compartió su niñez con su abuela y su madre Liselotte Irmgard Pempeit (1922–1993), que llegaría actuar en varias películas de su hijo.

Su particular interés hacia el cine y el teatro lo seducían desde su adolescencia, actividades en las que no tardaría en involucrarse con todo el entusiasmo como cualquier otro novato. Con su aspecto despeinado, inconformista y rebelde iba elaborando una intuición creativa y artística extraordinaria que el tiempo lo atestiguaría.

Su historia comenzó a tomar sentido cuando a mediados de los sesenta empezó estudiar teatro en el Fridl-Leonhard Studio en Munich y se vinculó con el elenco de Action Theater que luego pasó a denominarse Anti-Theatre, en 1967, período que merece una nota aparte por su intensidad.

EL COMIENZO HACIA UN FUTURO INCIERTO

Poseía una habilidad y capacidad natural para producir tanto sus obras teatrales como sus películas, rápidamente y con presupuestos extremadamente bajos. Entre 1966 y 1982 llegó a concretar 44 proyectos cinematográficos (41 largometrajes y 3 cortos), donde trató en reflejar todos los problemas sociales de la Alemania de post guerra: clase obrera, inmigrantes, lúmpenes, racismo, burguesía, intelectuales y medios de comunicación. Sus argumentos trataban sin eufemismos y sin finales felices, cuestiones centradas en drogas, alcohol, gays, lesbianas y homosexuales, mostrados en toda su filmografía con mucho respeto y delicadeza, y según sus palabras jamás con la intención de hacer un cine gay.